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Barrio El Estadio: Luz Marina Bedoya, sinónimo de popularidad

  • Foto del escritor: ANDÁ-LUCÍA
    ANDÁ-LUCÍA
  • 19 feb 2022
  • 2 Min. de lectura

“Como siempre, todos los días no son iguales en los negocios, hay momentos mejores que otros; pero siempre trabajamos en grupo familiar” son las palabras de Luz Marina Bedoya, quien lleva viviendo aproximadamente 40 años en el barrio El Estadio y es la dueña de los populares “chuzos detrás del estadio”.



“Como siempre, todos los días no son iguales en los negocios, hay momentos mejores que otros; pero siempre trabajamos en grupo familiar” son las palabras de Luz Marina Bedoya, quien lleva viviendo aproximadamente 40 años en el barrio El Estadio y es la dueña de los populares “chuzos detrás del estadio”.


Hace unos años, doña Marina se levantaba muy temprano para hacer arepas y venderlas afuera de su casa, únicamente en horas de la mañana. Luego, unos familiares que vendían pinchos a unos metros de su casa, le propusieron que se quedara con el negocio, ya que ellos viajaban a España y así fue, “me enseñaron a trabajar los chuzos y desde eso trabajo con esto”, cuenta ella.


Lleva aproximadamente 18 años trabajando en su emprendimiento, en el que desde un principio se propuso la meta de mantenerlo, con el propósito de sostener económicamente a su familia, doña Marina dice que “la motivación fueron mis tres hijas y mi mamá, porque yo tenía que sacarlas adelante, darles el estudio y lo que necesitaran” .


El emprendimiento estaba ubicado a unos cuantos metros de su casa, precisamente en el andén de la esquina de la carrera 6° con calle 17; por lo que todos los días que abriera le tocaba cargar el asador, la mesa, la silla y demás elementos necesarios para su negocio; menos mal contaba con la ayuda de sus tres hijas. Este puesto tenía su ventaja y su desventaja; por un lado, estaba que era muy concurrido y se daba a conocer; y por el otro, no podía poner mesas y sillas para los clientes.



Sin embargo, solo hace 3 años cuenta con un local en su propia casa, pues doña Marina se sentía un poco insegura de cambiar de sitio, manifiesta que “ya vi que tenía clientela y pues mis niñas fueron creciendo, fueron haciendo sus vidas y ya no tenía quien me estuviera correteando para allá”. Pero, a la larga se convirtió en una gran oportunidad, ya que sus ventas mejoraron debido a que los clientes ya cuentan con la comodidad necesaria para comer en el lugar.


Todo ha sido un proceso de mucho trabajo de ella y de sus hijas. Inician su jornada de trabajo desde por la mañana para adobar los pinchos y finalizando la tarde, empiezan a organizar su emprendimiento y a asar, para cuando llegue el cliente solo sea calentar los productos; luego va cerrando entre 10 y 11 de la noche. Aparte de los chuzos de res, cerdo y pollo, vende alitas rellenas y chorizos.


La venta de pinchos de doña Marina, es un claro ejemplo de que sí se puede emprender en el municipio de Andalucía, ella aconseja que “no es fácil pero que hay que intentarlo, porque pues ahorita todo esta muy duro” y hace énfasis en que si se mantiene la esencia, que en su caso es la sazón, el emprendimiento va a prosperar y a mantenerse en el mercado.



 
 
 

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